Despertar

Levemente me voy despertando, miro desde la cama el reloj, van a ser las once de la mañana y quiero dormir un poco más. Era viernes, a pesar de ser el último día que se estudia en la semana sentía que faltaba mucho tiempo para que llegara el sábado y poder descansar hasta el domingo. Tengo tiempo suficiente y organizo mi habitación con una velocidad que desesperaría al más paciente, no sabía de la lentitud de mis actos, solo sabía que quería descansar. Miro de nuevo el reloj y al ver que faltan diez minutos para el medio día me doy cuenta que no sentía pasar el tiempo porque aún estaba dormido. Justo en ese instante salí del letargo en el que me encontraba y dispuse mis energías para intentar llegar a tiempo a la universidad.

Inicio el viaje en moto hacia la universidad, lleno el tanque con gasolina y continúo con el viaje. Llego a mi destino y sé que me esperan dos clases de dos horas cada una; al finalizar las cuatro horas se materializa la propuesta de jugar microfútbol y recordé que debía trabajar desde las ocho de la noche, a pesar de esto me entretuve en las canchas hasta las seis y media; solo hasta esa hora inicié el viaje de vuelta a la casa con el fin de recoger la herramienta necesaria para laborar. Tomaba la ruta habitual, sin saber que ese día la ruta presentaba una anomalía.

Esperaba el cambio de semáforo para poder girar a la derecha, me encontraba de primero y atrás habían buses, busetas y taxis esperando que yo arrancara; veo el semáforo peatonal parpadear, siento a los vehículos de atrás acercarse cada vez mas hasta que me preparo para arrancar, cambia el semáforo a verde, inmediatamente arranco y realizo el giro acostumbrado, acelero rápidamente buscando pasar otros semáforos que aún se encontraban en verde, cruzo uno, dos, y cuando me disponía a llegar al tercero veo una mano que desviaba mi atención, correspondía a un oficial de tránsito que me indicaba que detuviera la marcha y ubicara la moto en medio de otras que también habían sido detenidas por alguno de los tantos oficiales de tránsito que se encontraban allí.

Al ubicarme donde me indicaron, me baje de la moto y sabía que es necesario mostrar matricula, seguro, pase y documento de identificación para evitar que sucediera algo con la moto, además de esto me pidieron demostrar que las direccionales, el stop y la luz delantera funcionan, y para beneficio mío todo funcionó correctamente. Todo el proceso de revisión avanzaba de la mejor manera, hasta que me solicitó el certificado técnico-mecánico, al entregarlo se dio cuenta que algo no estaba en regla, no sabía que iba a suceder, me encontraba nervioso, imaginaba que me aplicaban toda clase de represalias por no estar cumpliendo la ley; en ese momento escucho una voz que me dice “Deje de soñar”, miro al oficial de tránsito, me devolvía los documentos mientras decía “Ya se tiene que ir, se está haciendo tarde”.

Miro el reloj, faltan diez minutos para el medio día, se acerca mi papa y al verme me replica “Hace rato lo estoy llamando, yo pensé que se había levantado a las once porque lo vi organizando el cuarto, pero cuando volví a verlo ya estaba dormido”.

 

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